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La
historia de Foz está ligada a celtas, fenicios y romanos.
La presencia de poblaciones antiguas se evidencia en la proliferación
de castros donde se localizaron diversos hallazgos como son el torques
de Marzán o A Pena do Altar. Los pedregales auríferos
y las escorias de fundición de hierro que son huellas romanas.
En el siglo IX el obispo de Dumio (Portugal) fundó la diócesis
de Mondoñedo, que tuvo como primera sede el monasterio de
San Martín de Mondoñedo. Un notable regidor de ésta
fue S. Gonzalo, conocido como el Obispo Santo y al que la tradición
atribuye diversos milagros. En la Edad Media, Foz estuvo bajo dominio
señorial y los Reyes Católicos le devolvieron sus
antiguas libertades. Por entonces contaba con uno de los astilleros
más activos de Galicia, donde tenía gran importancia
la captura de la ballena. Su puerto mantenía tráfico
constante con todos los gallegos y con el de Gijón, importando
mercancías de todo tipo y exportando madera de pino.
A lo largo de su litoral con cerca de treinta kilómetros
de playas, casi todas ellas galardonadas con la Bandera Azul de
la U.E. en las que destacan la blancura inmaculada de su arena y
la belleza de su entorno; sus aguas incontaminadas, claras y transparentes,
ofrecen la oportunidad de un baño reparador absolutamente
reconfortante, con un alto contenido de yodo proporcionado por las
salutiferas algas que periódicamente las invaden. Cuidadas
con especial esmero, la limpieza de los arenales y los servicios
de seguridad para sus usuarios son constante. Vigilancia, equipos
de salvamento y socorrismo, primeros auxilios, ambulancias, etc.
se encargan de atender cuantas demandas se den en este orden.
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